
José Vilaseca Haro es un escritor, hijo del que fuera Secretario General de nuestra Junta Mayor, Pepe Vilaseca Pizá.-JOVIPI.Cuyo galardón en su recuerdo otorgamos cada tres años a personas o entidades que difundan nuestra Semana Santa Marinera.
La obra creativa de JOVIHA comenzó en 1998.A lo largo de los años, ha participado en diversos certámenes literarios locales, hasta que, decantado definitivamente por la novela, en 2007 presentó su obra Llamadme Monstruo al Premio Planeta. Probó suerte de nuevo con la obra Padre Muerte, en la edición de 2008 , que finalmente publicaría en 2009, y en la última edición de dicho certamen participó con Los últimos días.En 2011, quedó finalista del VII Certamen de Novela Histórica "Ciudad de Valeria", con su novela Gladius Hispaniensis. En 2012 se alzó con el VIII Certamen de Novela Histórica "Ciudad de Valeria" con su novela Sidi: Mi señor, ambientada al final de la Primera Cruzada.
El pasado año 2013 fue el encargado de realizar el “introito” en el Sopar de la Creu Marinera, y ahora va a compartir con los lectores de este blog una serie de artículos sobre LAS ARMAS de nuestra Semana Santa. Aquí tenéis otro nuevo.

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Cuando existe disparidad
de opiniones, el principal problema de posicionarse por una de ellas es
molestar a los que defienden la postura contraria, por lo que voy a tratar de
protegerme tras dos parapetos fiable: El respeto por la libre expresión y el
respeto por la fidelidad histórica de una representación o recreación que, al
fin y al cabo, es lo que tratamos de defender en esta pequeña sección. Así, en
los seis artículos anteriores, nadie se ha rasgado las vestiduras (al menos,
públicamente), cuando he hecho alguna puntualización sobre las armas o el
equipamiento que portaban granaderos, sayones, guardia bizantina o los
distintos tipos de legionarios romanos, así que espero que nadie pida mi
lapidación pública esta vez por ofreceros una perspectiva histórica de la
presencia femenina en los ejércitos de la Antigüedad.
También Zenobia de
Palmira, arquera y amazona, que conquistó parte de Egipto, Siria, Líbano y
Palestina durante el siglo III d.C, enfrentándose a Aureliano, emperador de
Roma (dicho enfrentamiento provocó la destrucción parcial de la Biblioteca de
Alejandría)
Finalmente, citaremos a
Artemisia de Caria, que apoyó la causa de Jerjes de Persia durante las batallas
navales de Artemisio y Salamina (y que fue tremendamente maltratada en su
versión cinematográfica en 300: El origen
de un imperio, transformándola
en una ninfómana con tendencias sádicas, muy alejada de la realidad). El
historiador Herodoto la señala como la
única mujer entre los generales del Dios – Rey Jerjes, haciendo hincapié en
el respeto que le tenía dada su habilidad militar.
Así, las mujeres
guerreras japonesas (onna-bugeisha),
tuvieron presencia en el campo de batalla, llegando a ser lideradas por la
emperatriz Jingu durante la invasión japonesa en Corea del siglo II d.C.
Incluso en las contiendas
modernas, la presencia femenina ha estado limitada a labores de intendencia o
enfermería: En Estados Unidos, durante la Guerra de Secesión, sólo seiscientas
mujeres estuvieron en el frente (cuando las cifras aproximadas hablan de tres
millones y medio de soldados), mientras que conocida y admirada en Inglaterra
es la historia de Dorothy Lawrence, la única mujer soldado británica durante la
Primera Guerra Mundial.
LAS ARMAS DE LA SEMANA SANTA VII: MUJERES EN LOS “EJÉRCITOS” SEMANASANTEROS
Por José Vilaseca Haro
Escritor
De vuelta en este nuestro
pequeño rincón “bélico” dentro de las muchas anécdotas de la Semana Santa
Marinera, que compartimos tanto en el blog de EOS como en sus cenas. En esta ocasión, aprovechando una noticia
que, sin ser del todo nueva, sí ha provocado cierta controversia dentro de
nuestra Fiesta, y que hoy quisiera afrontar desde un punto de vista respetuoso
e histórico: la presencia de las mujeres en las antiguamente conocidas como
“corporaciones armadas”.

(imagen de una recreación
en Cacabelos, León)
En Occidente, y desde que
la sociedad se divide en cazadores (varones) y recolectores (generalmente,
mujeres), el oficio de las armas está reservado para los primeros. Contadísimos
casos de mujeres que desafiaron esta supremacía aparecen en los libros de
Historia, y siempre desde el papel de “líder” (nunca en una situación de
iguales con la tropa): Boudica, reina de los iceos, una feroz guerrera de la
antigua Britania que se enfrentó al poder de Roma después de que sus dos hijas fueran
violadas y ella azotada por los servidores de Nerón, y que suele representarse
montada en un carro (a la manera en que combatían muchos guerreros de las islas
británicas)


Quizá el único ejemplo
que tenemos de “mujer-soldado” en la Antigüedad nos traslada a Oriente,
exactamente a Japón, donde incluso las mujeres campesinas entrenaban
regularmente con el arco y la naginata (una suerte de alarbada), para poder
enfrentarse a bandidos y forajidos durante las largas ausencias de sus maridos.

Seguramente, la imagen de
mujer guerrera clásico esté representado por las legendarias amazonas. Si bien
es cierto que distintos hallazgos han apuntado a la posibilidad de que diversos
pueblos de la Antigüedad pudieran contar con mujeres en sus filas (sármatas y
escitias, principalmente, que manejaban con soltura el arco y eran grandes
jinetes), siguen entrando en el terreno de la fábula y no de la Historia.
Quizá los últimos
hallazgos en Inglaterra nos permitan concluir que, en las invasiones vikingas,
un gran número de guerreros norteños eran, en realidad, mujeres (lo que daría
cierta verosimilitud a recreaciones cinematográficas, como la serie Vikingos o las terribles mujeres pictas
de Centurión).

En resumen, y
centrándonos en “nuestros” ejércitos, hemos de recordar que en la Antigua Roma
estaba prohibido que una mujer tomara las armas como soldado, y que incluso
durante en algunos periodos no estaba permitido que un legionario se casara
durante su servicio a Roma, procurando evitar la presencia de mujeres en los
campamentos militares. Tampoco estaba permitido, oficialmente, que una mujer
formara parte de la Santa Cruzada, a pesar de que hay pruebas que apuntan a que
amantes y meretrices se hicieron pasar por soldados para acompañar de tienda en
tienda a los cruzados y procurarles servicios que nada tenían que ver con las
armas. Misma labor ejercieron en los ejércitos napoleónicos (a pesar de los
estragos que provocaron sífilis y gonorrea en las filas de la Grande Armée), recibiendo incluso la
autorización del propio Napoleón para el ejercicio de su actividad en 1810.

(La imagen de la niña
vestida de granadera pertenece a la Semana Santa de Cartagena)
Mi conclusión: ¿Es
necesaria la presencia de la mujer en la Semana Santa Marinera? Por supuesto. A
estas alturas, nadie lo duda, y la Historia de nuestra Fiesta se escribe en
letras doradas con nombre de mujer. ¿Es correcta la representación de
legionarias, granaderas, guardias bizantinas y sayonas? No, en absoluto. En
realidad, para una Semana Santa que no solo respeta su propia tradición, sino
también la Historia, una mujer ataviada con una lóriga romana, con su casco, su
escudo y su espada, es tan fiel a la realidad como una Dolorosa con barba y
nuez de Adán.
Gracias por vuestra
atención.




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