

A
LOS POBRES SE LES ANUNCIA EL EVANGELIO
Sacerdote-periodista
Querido cofrade:
A
los pobres en nuestro mundo se les ha ido despojando de todo, pero como dice el
papa Francisco, “La peor discriminación que sufren los pobres es la falta
de atención espiritual”. El rico tiene derecho a todo, también a que la Iglesia lo atienda. Para
eso colabora económicamente con la
Iglesia a través de la cruz que pone en la declaración de la
renta.
Tradicionalmente
la Iglesia ha
intentado estar al lado de los pobres, al menos a través de la limosna. Lo
sigue estando a través de Cáritas, pero normalmente tenemos poco tiempo para
dedicarlo a los pobres, cuya inmensa mayoría tiene una especial apertura a la
fe, porque necesita de Dios. Ahora se les roba la esperanza de que Dios
intervenga, haya intervenido, para hacerles justicia. Jesús, en cambio, lo
tenía muy claro. Anunciaba el Reino a los pobres y veía en ello una señal de
que Dios empezaba a reinar y a hacer justicia.
Juan
Bautista, ya en la cárcel, oyó hablar de los milagros de Jesús y esto le hace
pensar en que probablemente Jesús era el Mesías que tenía que venir. Para saber
a qué atenerse, pues se estaba jugando la vida, decidió enviar unos discípulos
a preguntarle directamente a Jesús. Jesús prefiere dar una respuesta indirecta,
invitando a los enviados a contemplar las acciones liberadoras que estaban
aconteciendo a través de la actividad de Jesús. Correspondían efectivamente a
los milagros anunciados por los profetas para los tiempos mesiánicos (Is 35,
1-6a. 10). Jesús es pues el Mesías, o con otro título el que tenía que venir.
No es necesario esperar ya a otro. Ha llegado el momento de la salvación de
Dios. Juan puede estar tranquilo en la cárcel y si es necesario entregar su
vida pues estamos en el tiempo de la salvación de Dios. La última palabra no la
tienen ya los poderosos sino Dios que ha empezado a instaurar el Reino. Frente
a los diferentes mesianismos que aparecerán en la historia, sobre todo de tipo
político, los cristianos permaneceremos tranquilos. El Mesías, el Cristo, es
Jesús. Eso nos lleva a desconfiar de las soluciones fáciles en una historia que
vemos muy compleja. Cualquier solución humana será siempre provisional y a lo más
la penúltima. La solución definitiva viene de Dios y pasa a través de la
conversión del corazón del hombre.
Jesús
no indicó tan sólo sus acciones milagrosas sino que dio como señal de la venida
del Reino el hecho de que a los pobres se les anuncia el evangelio. La Iglesia, a través del
anuncio del evangelio, continúa a hacer presente la salvación de Dios en su
Mesías, Jesús. La venida del Reino es una Buena Noticia sobre todo para los
pobres. Para los ricos y los poderosos constituye a menudo una amenaza porque
el Reino de Dios pone en cuestión la manera en que los poderosos organizan la
sociedad humana, basada en la opresión y la pobreza de las masas. El anuncio
del evangelio denuncia las situaciones de injusticia de nuestro mundo. El valor
para desafiar a los poderosos viene del mismo Dios que está implantando su
Reino, derribando del trono a los poderosos y colmando de bienes a los pobres.
Pero
Jesús añade una inquietante bienaventuranza: “¡Y dichoso el que no se
escandalice de mí!”. La actividad de Jesús es signo de contradicción. Provoca
la fe y el escándalo. Son muchos, creyentes y no creyentes los que se rasgan
las vestiduras ante el recuerdo de los pobres de nuestro mundo. Son ellos los
que afean ese mundo fascinante que presenta la televisión. Son ellos los que
nos recuerdan que este sistema no funciona, que es tremendamente injusto.
Los
economistas dirán que no hay otras alternativas, pero la fe nos dice que tiene
que haberlas, que Dios no puede querer un mundo como el que hemos
organizado. Los pobres están teniendo mucha paciencia porque saben que
nadie les puede robar la esperanza de ser los preferidos de Dios.
Cordialmente,



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