EPIFANÍA: FIESTA DEL REY QUE LLEGA HASTA NOSOTROS
Por Antonio DÍAZ TORTAJADASacerdote-periodista
Querido cofrade:
Esta fiesta era la navidad de los orientales, particularmente en la Iglesia de Alejandría donde se cristianizó la fiesta pagana del sol, lo mismo que las fiestas rituales de las aguas del Nilo con el bautismo de Jesús y las bodas de Cana, el agua transformada en vino.
En la Iglesia Latina la adoración de los magos se constituyó en el objetivo principal de la fiesta. La tendencia popular hizo que se fijara la atención en algo secundario como son los Magos, de dónde el nombre de fiesta de los reyes magos, o fiesta del Rey porque los magos venían a adorar al rey de Israel.
De la epifanía se hablaba en la antigüedad como la visita de un rey cuando venía a visitar una ciudad; esto era ocasión de fiesta. Precisamente Epifanía celebra la aparición de Aquel que ha venido a visitar a su pueblo.
Epifanía es la fiesta de la Navidad en plenitud. Esta
epifanía primera se convertirá en epifanía pascual y luego en epifanía final.
Si Navidad es una fiesta de familiar, epifanía es una fiesta
universal.
Si en la Navidad se invade nuestro interior de alegría y
paz, la epifanía dilata misteriosamente el corazón y nos permite mirar mucho
más lejos.
Jerusalén es la Iglesia que estando triste recibe un sol, el
Señor, que se levanta sobre ella como su gloria para hacerla brillar.
¿Por qué todo es luz, claridad, aurora?
Porque los pueblos cubiertos de tinieblas y de oscuridad,
todos los que no saben nada de Dios, marcharán hacia Él como hijos que vienen
de lejos; por eso tu corazón se estremecerá y dilatará.
Padre nuestro, que tu reino venga por tu Hijo Jesucristo a
quien has dado el poder de guiar la comunidad.
Ya has hecho florecer por Él la justicia, tu plan de amor
salvífico sobre nosotros, y la paz de Navidad en la abundancia de los
sacramentos.
Que todos los poderes terrestres, reyes y países, reconozcan
tu poder; y que las islas, los hombres que están lejos de ti, puedan
reconocerte y servirte.
Que este rey domine de mar a mar... hasta el confín de la
tierra. Este rey es fuerte de corazón para curar a los débiles y a los pobres,
salvar su vida; porque El la ha recibido de Dios.
La lectura de la carta a los Efesios prolonga el tema de la
universalidad. El misterio de Cristo es el plan de Dios, guardado en su corazón
para revelarlo progresivamente.
Pablo tiene con los apóstoles y profetas del Nuevo
Testamento una visión clara: En Cristo, y no en el estrecho espacio de Israel,
los paganos acogerán el Evangelio como herencia, en su lugar de heredad que es
la Iglesia.
Mateo se interesa menos en el cómo del nacimiento de Jesús
que en la significación de este acontecimiento: Jesús nació en Belén, en el
tiempo del rey Herodes, el grande (para distinguirlo del Herodes de la pasión).
Los Magos representan a los pueblos que caminarán a la luz
de Jerusalén, los reyes que siguen el resplandor de tu aurora, los que vienen
trayendo incienso y oro y proclamando las alabanzas del Señor.
Las lecturas bíblicas de hoy afirman, de común acuerdo, la
universalidad de la salvación en Cristo para todos los pueblos y naciones.
Isaías nos presenta una excelente visión de apertura: La
gloria del Señor aparece sobre Jerusalén centro de todos los pueblos; y éstos
están representados en los magos de oriente que, siguiendo una estrella, se
encuentran con el niño que acaba de nacer. En este misterio de salvación que es
Cristo se convoca a los no-judíos a heredar las promesas eternas en el reino
mesiánico.
Bajo la figura de los Magos venidos de oriente a Belén, el
evangelio honra a los pueblos paganos que están en marcha hacia Cristo, en la
Iglesia. Allí se reconoce a Dios que se manifiesta.
La Epifanía es la fiesta del reconocimiento de Dios en medio
de nosotros; es la revelación del misterio de la salvación mas allá de
las fronteras de Israel, es la fiesta de la vocación de toda la humanidad
guiada por la fe y la luz de Dios. Es la fiesta del discernimiento.
La Iglesia es hoy el testimonio de los diferentes modos de
intervención de Dios en su misión de apertura y acogida.
La Iglesia celebrando la epifanía se compromete en un
dialogo permanente de comunión con las culturas y las sociedades, poniendo en
práctica todo cuanto significa la epifanía como universalidad y compartir.
Cordialmente,




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