TIENES TU PUESTO. ¡OCÚPALO!
Sacerdote-periodista
Querido cofrade:
La crisis económica ha hecho que
para muchos se acabó la fiesta. Otros, a juzgar por lo que se ha visto en
Navidades, siguen como si no estuviera pasando nada. Sin duda que la Virgen
María, al contemplar nuestro mundo le seguirá diciendo a Jesús: no tienen vino,
no tienen casa, no tienen para pagar tal y tal factura, no tienen para llegar a
final de mes.
María presenta la necesidad a
Jesús, que en un primer momento parece desentenderse del caso. En realidad
quiere que María se sitúe en la verdadera perspectiva del Reino, cosa que sin
duda ella hace. En efecto ella orienta la atención de los servidores hacia la
persona de Jesús. Tendrán que estar atentos a lo que Él diga y luego hacerlo.
Es todo un reto saber qué es lo que Jesús quiere hoy de nosotros ante la
situación de nuestro mundo tan necesitado. Hay que saber leer los signos de los
tiempos a través de los cuales Dios nos está hablando e interpelando.
En esta página del Evangelio está
encerrada cual es nuestra misión como cofrades. Se trata de hacer lo que Él
diga.“Haced todo cuanto él os diga; es decir,” haced cualquier cosa que os
mande, aunque parezca extraña a la razón”.
Es como si María les dijera: “Tened
fe en El”. Pues bien, tales son también las palabras que nos dirige la Virgen a
nosotros que somos sus hijos: Haced todo cuanto mi Hijo os diga. Pero ¿cómo nos
hablará Jesucristo? Por la fe: escuchemos lo que nos dice la fe, recurramos a
la fe y pongamos en práctica lo que ella nos enseña; así haremos lo que Jesús
nos dice. El espíritu de los cristianos es un espíritu de fe; hay que ir a Dios
por la fe”.
En este Año de la Fe, estas
palabras deben ser muy oportunas. La tragedia del cristianismo actual es la
separación de la fe y la vida. Te invito a actuar y vivir de acuerdo con la fe.
Una vez que uno ha descubierto lo que hay que hacer, hay que moverse.
La tentación de contemplar las
necesidades de nuestro mundo como un espectáculo televisivo, que nos impresiona
y nos inquieta pero que nos deja cómodamente en nuestra butaca, es muy grande.
No somos nosotros los que damos
el vino del Reino. Nosotros sólo disponemos del agua de las abluciones rituales
de la antigua alianza. Pero Jesús tiene esa capacidad de transformar lo viejo
en nuevo. La fe y la obediencia a Cristo hace milagros. Jesús se manifiesta
como el verdadero esposo que asume el protagonismo en la celebración mientras que
el llamado esposo aparece como una figura desdibujada.
Es Cristo verdaderamente el que
inaugura el Reino. La presencia de María fue providencial para orientar la
atención de los servidores hacia Jesús y que éste se pusiera a actuar.
Este vino bueno que ofrece es el
don del Espíritu anunciado para los tiempos mesiánicos, que Jesús inaugura. Ese
Espíritu ha renovado completamente aquella comunidad abandonada y estéril.. Ha
hecho de la Iglesia una comunidad, toda ella carismática y ministerial. Esa
comunidad se construye con la aportación de los diversos carismas y
ministerios.
Cada uno tiene su puesto en la Iglesia según los dones que ha
recibido.
Tu tienes tu puesto. Ocúpalo.
Cordialmente,



No hay comentarios:
Publicar un comentario