domingo, 15 de abril de 2012

LA COLUMNA DE DIAZ TORTAJADA EN EOS.CARTA A UN COFRADE: NECESITAMOS UN TRASPLANTE DE ESPÍRITU

Carta a un cofrade
NECESITAMOS UN TRASPLANTE DE ESPÍRITU
Por Antonio Díaz TORTAJADA
Sacerdote-Periodista

Querido cofrade:
Estamos en Pascua. Y podemos tener la impresión que Jesús sólo convirtió personas porque la predicación siempre ha estado dirigida a la conversión personal y particular.
San Pablo en quien encontramos, desde su experiencia del crucificado-resucitado el perfil de la conversión cristiana, si convirtió individuos fue para que hicieran parte de una comunidad de creyentes. Con temores más que con decisión y alegría pascual la Iglesia va cayendo en la cuenta que la evangelización es nueva por convertirnos a una nueva vida en comunidad, “para vivir juntos con y en Cristo”.
Para san Pablo la vida en Cristo, eje de la espiritualidad pascual, fue siempre tema comunitario, por la importancia que tiene vivir la fe como iglesia y “porque vivir en Cristo”, objetivo de su evangelización, su pasión, era crear comunidades que sirvieran de alternativa a la vida pagana del imperio y a la “sabiduría del mundo”.
Llegamos a ser uno en Cristo y con Cristo al ser crucificados con él, muriendo y resucitando con él, participando en su muerte y resurrección.
“En Cristo” es una metáfora que expresa una nueva identidad personal o una nueva orientación hacia la vida; el tipo de vida que deriva de un “trasplante de Espíritu “. Aquí radica un énfasis de la nueva evangelización y de quienes tiene la responsabilidad de ayudar a pasar a los fieles de la religión natural a la fe, proponer de nuevo la fe, o llamar a quienes un día fueron practicantes. De lo contrario por activa o por pasiva corremos el riesgo de perder el kairós (tiempo oportuno), si nos encerramos en lo mismo que siempre hemos hecho o nos llenamos de prejuicios y obstáculos con quienes quieren presentar el kerigma (la buena nueva del Evangelio) al mundo moderno. Los obstáculos pueden significar no sólo hoy sino sobre todo hacia el futuro, que la Iglesia no pueda volver hablar a sus fieles sino después de pasado mucho tiempo, sobre la nueva evangelización y la fe vivida en comunidades.
No compartir formas en las experiencias de comunidad no son razones para cerrarnos a la evangelización que lleve a vivir la fe en comunidad. Una cosa son las formas pero otra bien distinta es un proceso de evangelización cuando nuestra experiencia ha sido de movimientos laicales bien reconocidos y queridos por la iglesia. Queda una esperanza: La acción del Espíritu se pueda retardar pero no anular.
Así como en la cirugía moderna se hacen trasplantes para tener calidad de vida, en pascua se nos hace un “trasplante de espíritu” no para mejorar sino para cambiar de vida. No traicionamos a san Pablo si compartimos que el trasplante de espíritu tiene mucho que ver con la vida de la fe en pequeñas comunidades.
San Pablo no habla sólo del Espíritu de Cristo sino también del “cuerpo de Cristo”, “vosotros sois el cuerpo de Cristo” (1 Cor 12).Las comunidades cristianas son el cuerpo de Cristo animadas por el trasplante del Espíritu. Para san Pablo las comunidades cristianas son el comienzo de la purificación del mundo por ser la nueva creación, la semilla o alternativa de lo que puede ser la sociedad. “Si alguien está en Cristo hay una nueva creación, todo lo antiguo ha pasado ¡Mirad!¡todo se hace nuevo ¡(2 Cor 5,17) Este lenguaje de creación es más sobresaliente en medio del conflicto que vivimos. “Todo el que ha nacido de Dios vence al mundo lo que nos ha dado la victoria frente al mundo es nuestra fe”.
En la primera lectura de este segundo domingo de Pascua se nos dice que todos los creyentes compartían. El reino de Dios y la vida en Cristo, para san Pablo incluyen el pan. El pan material fue central en la pascua de Jesús y no hay razón alguna para pesar que san Pablo eliminara este énfasis. El problema de la Eucaristía en Corinto fue precisamente por el aprovechamiento del pan de unos que tenían más y llegaban primero frente a otros menos pudientes que llegaban de últimos. Que todos tengan lo necesario es fundamental en la mesa del Señor (Eucaristía). La fe en crucificado-resucitado se mide por la capacidad de compartir.
Tiempo atrás el apóstol Tomás había dicho: “Señor no sabemos a dónde vas” razón para entender lo que estaba ocurriendo a la comunidad con la aparición de Jesús. En la comunidad Tomás pasó de la debilidad a la fe plena cuyo signo es la paz. La frase final del resucitado a Tomás señala el futuro de la comunidad... ”Dichosos los que creen sin haber visto”. La bienaventuranza constituye una llamada a los creyentes futuros, para que, aun sin el ver que se le ha otorgado a Tomás, lleguen a la misma fe firme y a la confesión, por la palabra y el testimonio.
Las cicatrices en el crucificado-resucitado serán el signo de cómo quedarán nuestros cuerpos personales y sociales después de asumir los desajustes e inequidades por medio de las comunidades cristianas. El cuerpo de Jesús resucitado no es un cuerpo nuevo, creado de nuevo, si no el mismo cuerpo crucificado en el cual permanecen , pero trasfiguradas y gloriosas las cicatrices del cuerpo crucificado. Entonces nuestro cuerpo terreno no aparecerá con heridas sino con cicatrices. El paso de las heridas a las cicatrices san Agustín lo llamaba “conversión” .La misión demora lo que dure la conversión y la conversión dura lo que demore la misión, diría san Pablo.
Cordialmente,

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