domingo, 11 de diciembre de 2011

LA COLUMNA DE DIAZ TORTAJADA EN EOS:TERCER DOMINGO DE ADVIENTO.¿LES OFRECEREMOS SITIO?

FOTO GUALLART. Carta a un cofrade
ADVIENTO:¿LES OFRECEREMOS SITIO?
Por Antonio Díaz TORTAJADA
Sacerdote-Periodista
Querido cofrade:
“El Espíritu del Señor esta sobre mí, -- leemos en el profeta Isaías-- porque el Señor me ha ungido, me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor”.
Este es el programa profético de Isaías para sanar los sufrimientos de Israel y levantar su moral.
Ciro el rey persa había permitido el retorno pero no eran libres porque la Palestina estaba bajo la dominación de los reyes persas. Israel aunque ya no estaba en el exilio de Babilonia fue descubriendo limitaciones, esclavitudes y cadenas menos materiales pero más opresivas además la carga que significaba reconstruir el templo e introducir de nuevo la religión ya un poco complicada por los matrimonios mixtos (judíos y extranjeros) A pesar de todo Israel no podía desmotivarse porque Dios seguiría siendo fiel. El profeta se presenta con el Espíritu de Dios quien lo ha hecho un “mesías”, así lo refiere el texto hebreo, además cuando el profeta habla no había  rey en el trono de David.
El “año del Señor” era un año sabático o jubilar que ocurría cada siete años, cuando los esclavos hebreos debían ser liberados sin condiciones y cada cincuenta años (el año jubilar) debían perdonarse todos las deudas, y las propiedades volver a sus antiguos dueños. Era el ideal querido por  Dios para la tierra Santa “El Señor hará germinar la justicia y la alabanza”.
La segunda parte del texto está emparentada con el texto del Magnificat de María, presentado en la liturgia de este domingo.
La alegría que aparece en la carta a los Tesalonicenses viene dada por acoger la palabra de Dios para leer los signos y vivir en fraternidad. Si san Pablo precisa “estad siempre con la alegría” es porque los Tesalonicenses habían perdido la paz.
Los términos tan modestos de Juan Bautista se deben al evangelista Juan “voz en el desierto más allá del Jordán en tierra de muerte”.
Juan tenía una cierta visión,  una vaga idea de lo que podría pasar, y que algo iba a  ser nuevo.
Juan Bautista no fue el final de las expectativas pero si el comienzo de todos las esperanzas. Lo primero que él dice es que no es el Mesías pero luego la pregunta que si es Elías. Elías quería liberar al pueblo de la idolatría, contra Moloc el dios de los cananeos, una figura de un dios en cuyas quijadas eran arrojados los niños para que el pudiera alimentarse.
Las autoridades querían que volviera Elías para mostrar a Dios con rostro humano y eso parecía ser Juan, pero él dijo que no era Elías.
Tendríamos que dejar todo juicio o imagen preconcebida sobre Dios para aceptar que Jesús da la alegría que nunca jamás habíamos pensado ni podido imaginar. Así Juan podría ser una senda que en nuestro desierto nos podría conducir a Belén, un testimonio de la luz. Ser testimonio de la luz significa estimular a los hombres a poner su confianza en Jesús.
Somos, tu y yo, parte de la gente que llegó al Jordán sin saber para dónde seguir y por ello comprendió lo que Juan quería. Puede ser que después de dos mil años y en la crisis de la cristiandad tengamos que aprender de nuevo que es creer, de quien debemos esperar para saber a quién debemos amar y fundamentar de nuevo o por vez primera nuestra vida en Jesús.
Esto es precisamente lo que significa Adviento comenzar de nuevo, nacer nuevamente, comenzar de nuevo a sentirnos salvados, porque ya lo fuimos.
Hay un mensajero, enviado por Dios, para dar testimonio de la luz (vida) enviado de Dios en un eco de la vocación de los profetas, Moisés, Isaías, Jeremías, Ezequiel. Es Dios quien envía a Juan para dar testimonio de la vida para que por medio de Juan, en el adviento todos llegáramos a creer.  Si es testimonio de la luz (vida) lo es frente a la tiniebla (muerte) que todos llevamos en el corazón (oído, celos, egoísmo, soberbia, prejuicios y esclavitudes). Juan tiene una misión en relaciona a lo más importante para el hombre, la vida.
En el ambiente tenso de la Palestina del siglo I, en medio de la expectación de un liberador (Mesías) aparece Juan Bautista que atrae seguidores anunciando la llegada inminente del Mesías, pidiendo adhesión a él, como signo usaba la inmersión en el agua, bautismo, que significaba una ruptura pública con la situación y el anhelo de cambio de la situación política, económica, religiosa y social, centrados en la persona del Mesías.
Este movimiento social alarma a las autoridades religioso-políticas que envían una comisión para investigar quien era Juan y porque pretendía atribuirse una misión.
Juan no se identifica con ninguna de las personas esperadas y aprovecha para hacer una denuncia: Son los dirigentes los responsables de la situación crítica que impide obrar a Dios para salvarlos, les anuncia el mismo tiempo que el mesías va a iniciar una época nueva respondiendo a las necesidades de la gente, pero él, Juan, no es ese mesías. Mirar a Juan en Adviento podría curarnos de nuestros mesianismos permanentes.
La humildad y simplicidad en la vida es el camino para acoger al Mesías. Permitirle que nazca en el corazón requiere limpiar y crear espacios para que Jesús nazca en nosotros, a lo mejor nos pasa como en Belén cuando llegaron José y María para buscar sitio para el nacimiento de su hijo y “todo lo encontraron ocupado, no encontraron sitio para Dios”.
Cordialmente,

 Antonio

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