Interesante artículo del reverendo Jose Luis Barrera publicado en su blog UMBRAL DE ZONA.Y que hemos ilustrado con fotos del archivo de EOS. Una cofradía religiosa es, al fin y a la postre, una asociación publica de la Iglesia, formada por los fieles laicos cristianos que se unen para dar culto e incrementar su fe en Jesucristo a través de la veneración de un aspecto de la Vida de Jesús, de la Virgen su madre o de algún Santo, representados en una imagen.
Unida pues íntimamente a la Iglesia, sus actividades y configuración emergen de la misma celebración de la comunidad cristiana: de ahí que los sacramentos y la liturgia sean la fuente principal de la que la cofradía tiene que beber.
Una cofradía de Semana Santa no puede vivir de espaldas a las celebraciones litúrgicas que la Iglesia celebra con toda solemnidad es esos días. Aquí reside uno de los puntos más oscuros de nuestra Semana Santa que aunque peque de optimista parece que poco a poco se están esclareciendo.
La incompatibilidad horaria de desfiles y actos litúrgicos se va venciendo y la participación de los cofrades aunque a veces sólo representativa, se va incrementando. Pero no nos hagamos ilusiones, falta en este aspecto todavía mucho que andar.
En este sentido, los hermanos mayores y presidentes tienen que ser ejemplos y modelos de estos aspectos de las cofradías.
Un hermano mayor no puede ser una especie de monarca sin corona que se limite a presidir y representar en los actos solemnes y honoríficos a su hermandad, para lucir el tipo, para satisfacer su “ego”.
Debe ser un cristiano cabal, que cumpla estrictamente con sus deberes religiosos: misa dominical, recepción de sacramentos, ejemplo de vida y se sienta orgulloso y consciente de que pertenece a la Iglesia y participe con ilusión y energía de las actividades de su parroquia.



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