jueves, 25 de marzo de 2010

LA COLUMNA DE DÍAZ TORTAJADA EN EOS: ESCENAS DE LA PASIÓN VI, HOY LA CRUCIFIXIÓN

FOTO Crucifixión MANOLO GUALLART

ESCENAS DE LA PASIÓN VI

La crucifixión.

Por Antonio DÍAZ TORTAJADA
Sacerdote-periodista


Señor Jesús:
Tus brazos extendidos entre el cielo y la tierra
trazaron el signo indeleble de la Alianza.
El árbol seco de la cruz se tiñe
de la púrpura de la sangre divina.
Eres crucificado entre malhechores.
¡Aparente confusión del bien con el mal!
El viento del Calvario cierne y zarandea
las tres cruces.
Siempre es difícil entender la locura de la cruz,
necedad para el mundo y salvación para el cristiano.
¡Dulce árbol donde la vida empieza
con un peso tan dulcen en su corteza!
Señor Jesús:
Tú eres el Crucificado.
Tus manos y tus pies son traspasados
Por crueles clavos.
Despojado de tus vestidos
Eres cubierto ahora por los pecados del mundo.
Por amor te dejas crucificar
Y en el amor
El sufrimiento humano adquiere valor salvífico.
Apoyadas por esta certeza
Generaciones y generaciones
De hombres y mujeres,
Te seguimos
Por esta tu radical experiencia de amor.
Y encima de tu Cruz el santo y seña
Que la eternidad cruza con el tiempo:
Jesús Nazareno, Rey de los Judíos.
Sobre la palma de tus manos
traspasadas por los clavos
está escrito el nombre de todos aquellos
que siguen siendo crucificados con contigo.
Señor Jesús:
Clavado sobre el madero por nuestro amor,
danos tu libertad.
Enséñanos a vencer el miedo del sufrimiento
con la fuerza que mana de tu Cruz.
Haznos penetrar en este misterio de amor,
que se transforma en momentos de gracia
incluso los simples acontecimientos de cada día,
simples como la ortografía de cada día.
Y a los pies de tu Cruz,
junto a algunos perros que huelen la sangre
que se derrama por las fibras del madero,
se recortan las siluetas de tu Madre
y la del discípulo amado.
María, muda e inmóvil,
junto al patíbulo de la Cruz,
está como Madre Dolorosa,
como Madre del Abandono,
como Madre de la Soledad,
como Madre de las Angustias
como Madre del Desamparado
viendo morir al hijo abandonado.
Junto al patíbulo de la Cruz,
tu Madre y nuestra Madre.
Nos la diste para que la recibiéramos en nuestra casa.
Tu estás allí levantado en la cruz,
Para atraer hacia ti a cuantos buscan tu rostro;

ayuda a cuantos participan en tus sufrimientos
a descubrir el sentido de tu misteriosa llamada
y a compartir tu pasión y el dolor del mundo.
A ti, Señor Jesús:
el Crucificado,
en cuyo rostro resplandece la misericordia,
nuestra adoración perenne y agradecida.
Y nuestra gratitud
al darnos a tu Madre Dolorosa,
que es nuestro mejor consuelo y herencia.
Amén.

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