miércoles, 24 de marzo de 2010

LA COLUMNA DE DÍAZ TORTAJADA EN EOS: ESCENAS DE LA PASIÓN V, HOY EL VÍA CRUCIS DE JESÚS


ESCENAS DE LA PASIÓN V

El Vía Crucis de Jesús.

Por Antonio DÍAZ TORTAJADA
Sacerdote-periodista

Señor Jesús:
Los soldados te pusieron una corona de espinas
que habían trenzado,
y comenzaron a hacerte el saludo:
¡Salve, Rey de los judíos!
Te golpeaban la cabeza con una caña
y te escupían.
Refinadísima tortura la que padeciste:
Tortura de la flagelación y de la burla sangrante.
Los azotes terminan en coronación de espinas.
¡Qué infamia de la soldadesca!
¡Qué escarnio de falso acatamiento!
La burla de las genuflexiones,
La burla de los golpes en la cabeza
y los salivazos en el rostro.
Al dolor moral se une el físico.
Te cargan sobre tus hombros la cruz
que estaba destinada a cada uno de nosotros.
Su peso es duro,
pero sobre todo lo es por su final.
Y la abrazas con cariño y ternura
Tú caminas con la cruz a cuestas.
La cruz de Cristo es bien diferente
de las cruces de adorno,
poder y honor,
que nos colocamos los hombres.
El árbol seco del patíbulo
se convierte en árbol verde de vida.
Este caminar por la Vía Dolorosa
es, ante nuestros ojos,
el símbolo de la paradoja y la contradicción.
A pesar de estar investido de la gloria y del poder
que el Padre te dio,
aceptas una muerte horrible y deshonrosa.
más aún,
vergonzosa.
Tú sabías que era el único camino la Cruz
para entrar en la intimidad del hombre
una muerta violenta,
como el único medio
para entrar dulcemente en nuestros corazones.
Señor Jesús:
Que por cargar con la cruz de todos los hombres
tuviste que ser ayudado por el Cirineo.
El Cirineo no buscaba a Dios,
se lo encontró por el camino.
Ser “cireneo” es no rehuir la cruz del hermano,
es entender el evangelio del sufrimiento,
es ser solidario con el hombre humillado.
¡Bienaventurados los “cirineos”
bajo el peso de la cruz de los demás!
Y junto al camino
la gente lanza lamentos,
otros,
gritos o blasfemias:
O contigo o contra ti.
No se puede ser neutral.
Y en un rincón de la calleja:
La Madre del Condenado:
Dos miradas se cruzan.
Por ti,
todos somos invitados a llorar con realismo
sobre nosotros mismos,
a no ser plañideros de los demás.
El llanto del cristiano debe ser el arrepentimiento,
la justa penitencia,
la conversión.
“Dichosos los que lloran, --nos dijiste--
porque ellos serán consolados”.
Por fin,
llegaste a la meta,
a la cima del Calvario:
Allí eras Víctima y Altar.
Te quitaron todo:
Menos tu vocación y entrega
por salvar a los hombres.
Amén.

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