domingo, 7 de abril de 2013

LA COLUMNA DE DIAZ TORTAJADA EN EOS.CARTA A UN COFRADE:EL CRUCIFICADO ES EL RESUCITADO

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Carta a un cofrade
EL CRUCIFICADO ES EL RESUCITADO
Por Antonio DÍAZ TORTAJADA
Sacerdote-periodista
Querido cofrade:


La semana judía de los siete días recordaba la creación, la nueva semana inaugurada por la resurrección fue el inicio de la nueva creación.
Este dato cronológico era diferente al sicológico significado por el miedo de morir como el Maestro. En medio del temor Jesús les dice: “Paz a vosotros”. El signo de esta paz fue ver que las heridas de la pasión se habían convertido en cicatrices de la resurrección pero sin borrar la muerte.
El texto de hoy agrega un nuevo relato de aparición correspondiente a la semana siguiente, cuando se aparece Jesús de nuevo y les dice: “La paz esté con vosotros”, invitando a Tomás a tocar sus heridas. Él no es el incrédulo de quien habla cierto tipo de predicación, simplemente quería tener una experiencia personal del señor resucitado, lo cual es legítimo para cualquier creyente. ¡Cómo no va a ser mejor la propia experiencia para exclamar: “Señor mío y Dios mío “como lo ha podido expresar siempre la Iglesia, que los testimonios de segunda mano!
“Crees porque me has visto, dichosos los que creen sin haber visto” significa que quienes creen por mediación de otros también son dichosos.
Por la resurrección Dios ha rescatado a Jesús de la muerte en contra de los poderes que lo asesinaron, así Jesús tenga en su cuerpo las cicatrices del imperio romano que lo crucificó, los colaboradores judíos de su muerte y los poderes que siguen hoy asesinándolo.
La resurrección es el golpe más fuerte que hayan tenido la injusticia, la inequidad y el egoísmo como crucifixiones del hombre.
Cuando insistimos sólo en el cambio personal que realiza en nosotros la resurrección, como normalmente lo enfatizamos, dejamos de lado la pasión de Jesús por el reino y la justicia que lo llevó a Jerusalén para confrontar su vida con el sistema dominante del momento.
En Jerusalén fue donde reivindicó Dios a Jesús, resucitándolo. Jerusalén no fue un sitio de acogida para desplazados, o un balneario, sino el lugar donde el imperio y sus adláteres crucificaron a Jesús.

¡Dónde está hoy Jerusalén! ¡Dónde están hoy el egoísmo, la violencia, y la injusticia que siguen crucificando a Jesús! ¿A quienes se les ha aparecido el crucificado-resucitado para que luchen contra el mal social que asesinó a Jesús y cuiden de los pobres que reivindicó Dios resucitando a Jesucristo?
No olvidemos que Dios resucitó a un crucificado para que los sufrimientos de los demás crucificados terminen en la resurrección ahora cuya plenitud será la vida eterna del cielo.
Cordialmente,

Antonio DÍAZ TORTAJADA

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