viernes, 22 de marzo de 2013

AQUELLA SEMANA SANTA DE 1973:JOSÉ VILASECA PIZÁ, PRETORIANO,NOS DECÍA SUENA MÁS FUERTE EL REDOBLE, YA ESTÁN CERCA, HIERVE LA SANGRE EN LAS VENAS VALENCIANAS, EN EL PUEBLO MARINERO



FCM.-Se dice que las palabras se las lleva el viento, y que lo escrito escrito está. Y esto viene a cuento, porque hoy quiero recordar lo que dijeron lo que nos precedieron hace cuatro décadas, y quiero transcribir en esta sección denominada AQUELLA SEMANA SANTA DE 1973 una serie de escritos que, yo particularmente los considero a tener en cuenta.Entonces el que suscribe era un niño, concretamente el del centro de la pequeña instantánea de ese año, flanqueado por mi hermano Jorge y José Julio Alvarez Solis.
Hoy traemos lo que José VIlaseca Pizá, que al ejercicio siguiente 73-74 empezaría su gran labor en los Consejos de Gobierno, primero como secretario de actas, titulaba REDOBLAR DE TAMBORES, escribía en el libro oficial de aquel año lo siguiente:"Renovada primavera, y una vez más, como todos los años, vienen a nuestros oidos suaves sonidos de redoblar de tambores que anuncian, de manera tan singular, la llegada de nuestra Semana Santa marinera y valenciana, ambas unidas,porque no se puede concebir una sin otra.
Rompe el mar en nuestras playas y confecciona con ello un primoroso encaje de espuma,enmarcando la tradición y el fervor popular, que vibra al paso digno y solemne de las procesiones.
Gana Valencia una flor más para colocar junto al hermoso ramillete de fiestas de una luminosidad sin igual, que hacen de la ciudad un continuo ir y venir de visitantes, tanto de la geografía nacional como de más allá de nuestras fronteras.


Suena más fuerte el redoble, ya están cerca, hierve la sangre en las venas valencianas, en el pueblo marinero
Amplias y rectas calles, plazas recoletas llenas de un sabor de antaño, en las que se rememoran todos y cada uno de los Pasos de la Pasión.
Brilla el sol mediterráneo e ilumina con su fuerte luz las blancas fachadas, puestas a punto para estas fechas tan señaladas, ornando así las calles por las que desfilarán las reverenciadas imágenes.
Constituyen esos momentos a la par con el regalo inigualable que nos brinda el mar con su suave brisa, un tesoro a guardar en lo más profundo de nuestros corazones; pues aunque siempre se repitan los mismos actos, cada año se ven con ojos nuevos, de forma distinta y con matices diferentes, que sólo el pueblo valenciano sabe darle, pues posee ese don incomparable de la imaginación.
Suena más y más fuerte el redoble, llegan ya, y por ello debo dar gracias a ese grupo de esforzados hombres, herederos legítimos de las tradiciones valencianas, descendientes directos de aquellos marineros y portuarios de rostros curtidos y almas sensibles, que lo dieron todo por nuestra Semana Santa y que hicieron posible que hoy oigamos con tanta fuerza este redoble de tambores.

Creo que está suficientemente vigente, cuatro décadas después, y que Carmen su viuda, y sus hijos José y Mari estarán orgullosos de volverlo a leer hoy en EOS, tras sentir ayer en la retreta EL REDOBLAR DE TAMBORES un año más.

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