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Pregón de la Semana Santa Marinera 2013 pronunciado ayer por el Sr. Arzobispo Monseñor Carlos Osoro Sierra.
Pregón de la Semana Santa Marinera 2013 pronunciado ayer por el Sr. Arzobispo Monseñor Carlos Osoro Sierra.
Comienzo este pregón, diciéndoos a todos que contemplemos por unos instantes a
la Santísima Virgen María, que en este tiempo de Pasión la invocamos con el
título de Ntra. Sra. de los Dolores y que con tanta devoción la veneráis. Vamos
a hacerlo con las palabras del poeta José María Pemán:
“Satabat Mater dolorosa
iuxta crucen lacrimosa”
“Estaba la Dolorosa
junto al leño de la Cruz,
¡Qué alta palabra de luz!
¡Qué manera tan graciosa
de enseñarnos la preciosa
lección de callar doliente!
Tronaba el cielo rugiente.
La tierra se estremecía.
Bramaba el agua… María
estaba sencillamente”.

iuxta crucen lacrimosa”
“Estaba la Dolorosa
junto al leño de la Cruz,
¡Qué alta palabra de luz!
¡Qué manera tan graciosa
de enseñarnos la preciosa
lección de callar doliente!
Tronaba el cielo rugiente.
La tierra se estremecía.
Bramaba el agua… María
estaba sencillamente”.
Así os pido que estéis en estos minutos en que os
voy a hablar del Misterio sublime que vamos a celebrar en la Semana Santa y
para lo cual me habéis pedido que proclame este pregón: como María junto a la
Cruz; María indica dónde está la Luz; María callada y doliente; María entre
muchos ruidos y bramidos a su alrededor, pero Ella, solamente estaba ante Él y
lo hacía sencillamente.
L´Any Sant de la Fe que el Papa Benet XVI ens ha
regalat a l´Església, és una ocasió de gràcia singular per a acostar les
nostres vides cada dia més i més a Jesucrist, conèixer-ho des de i amb la
mateixa proximitat que ho va fer la Mare de Déu. En la nostra Arxidiòcesi de
València amb l´Itinerari Diocesà de Renovació hem volgut intensificar eixe
coneixement de Jesucrist. He cridat a tots els cristians de diferents maneres
en estos últims anys a viure més intensament eixa adhesió a Jesucrist. Des
d´aquella cridà en què vos deia, “¡tant de bo que hui sentíreu la veu del
Senyor!” (Sal 95,7), la invitació a descobrir com “el Verb es va fer carn i va
habitar entre nosaltres”, fins a proposar-vos en este Any de la Fe, dir amb
tota la vostra existència:
“per a mi la vida és Crist”. Alguns de vosaltres
esteu en estos grups realitzant un camí de trobada amb el Senyor, en el que heu
vist on està la identitat i la missió de Jesús, com anuncia el Regne i ens
crida a la conversió, com es manifesta i explica eixe Regne, on està
l´originalitat del rostre de l´home nou i com Jesucrist és la gran revelació de
Déu. Vos invite, ja des d´ara, a acompanyar Jesús en la seua missió i en el seu
Misteri Pascual.
Siempre me ha gustado recordar la importancia y el significado del Crucifijo a través de lo que San Antonio de Padua escribió: “Cristo, que es tu vida, está colgado delante de ti, para que tú mires en la Cruz como en un espejo. Allí podrás reconocer cuán mortales fueron tus heridas, que ninguna medicina habría podido curar, a no ser la sangre del Hijo de Dios. Si miras bien, podrás darte cuenta de cuán grandes son tu dignidad humana y tu valor… En ningún otro lugar el hombre puede comprender mejor lo que vale que mirándose en el espejo de la Cruz” (San Antonio de Padua, Sermones Dominicales et Festivi III, pp. 213-214). Hoy resuenan estas palabras aún con más fuerza ante esta impresionante imagen del Cristo de la Buena Muerte que preside este año este solemne Pregón de la Semana Santa Marinera.
Meditando estas palabras comprendemos mejor la importancia de la imagen del Crucifijo para nuestra cultura, para nuestro humanismo nacido de la fe cristiana. Precisamente contemplando el Crucifijo vemos, como dice San Antonio, cuán grande es la dignidad humana y el valor del hombre. En ningún otro punto se puede comprender cuánto vale el hombre, precisamente porque Dios nos hace tan importantes, nos ve así tan importantes, que para Él somos dignos de dar la vida por nosotros, sufre por nosotros; así toda la dignidad humana aparece en el espejo del Crucifijo y contemplarlo es siempre fuente del reconocimiento de la dignidad humana.
Cuando
llega la Semana Santa, las cofradías, corporaciones y hermandades os preparáis
para salir a la calle y dar testimonio de la fe. La Cruz está en el centro.
Todas las imágenes de los pasos hacen referencia, de forma directa o indirecta,
a la entrega de Cristo por amor en la Cruz. A través de la Cruz contemplamos la
gloria del Señor que resplandece en el cuerpo martirizado de Jesús,
precisamente en su entrega total se manifiesta la grandeza de Dios, que es amor
y la grandeza que el hombre alcanza cuando acoge el amor de Dios. Todos los cristianos
estamos llamados a comprender, vivir y testimoniar con nuestras vidas la gloria
del Crucificado.
La Cruz –la entrega de sí mismo del Hijo de Dios- es, en
definitiva, el signo por excelencia que se nos ha dado para comprender la
verdad del hombre y la verdad de Dios: hemos sido creados y redimidos por un
Dios que por amor inmoló a su Hijo único. Por eso el Papa Benedicto XVI nos
escribía en la Encíclica Deus caritas est que en la Cruz, “se realiza ese
ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre y
salvarlo: esto es amor en su forma más radical” (n. 12).
En las
circunstancias que hoy viven los hombres, esta manifestación religiosa,
adquiere una fuerza especial y un significado especial. Las tres
características anunciadas por el profeta: pobreza, paz y universalidad, se
resumen en el signo de la Cruz. Al principio de la vida cristiana, había un
rechazo de los cristianos a causa de la Cruz, quizá esto aún no se ha superado
del todo. Se decía: la Cruz habla de sacrificio y se decía que la Cruz era
signo de negación de la vida. Y añadían: en cambio, nosotros sabemos que es
todo lo contrario: nosotros queremos la vida entera, sin restricciones y sin
renuncias, queremos vivir, sólo vivir, no nos dejamos limitar por mandamientos
y prohibiciones; queremos la riqueza y plenitud. Como veis, este es el lenguaje
de la serpiente que sigue diciendo: “¡No tengáis miedo! ¡Comed tranquilamente
de todos los árboles del jardín!” Sin embargo, Jesucristo nos dice que el
auténtico gran “sí” es precisamente el de la Cruz. La Cruz es el verdadero
árbol de la vida. No hallamos la vida apropiándonos de ella, sino donándola. El
amor es entregarse a sí mismo, y por eso es el camino de la verdadera vida,
simbolizada por la Cruz. Por eso, estas palabras mías desean acercar a vuestras
vidas, las de todos los que acercáis el Misterio de la Muerte y Resurrección de
Cristo a los hombres, aliento y ánimo, y están llenas de afecto y valoración
por todo lo que hacéis.
Vuestra presencia pública por las calles con las
veneradas imágenes de Jesucristo, de la Virgen María o escenas de la Pasión,
hacen posible que las personas miren de frente y puedan encontrarse a través de
una imagen, con quien dijo que Él y solo Él, es el Camino, la Verdad y la Vida
y así puedan alcanzar la belleza más grande del ser humano cuando se dice con
todas las consecuencias como lo hizo María: “hágase en mí según tu Palabra”.
Este
momento histórico que vivimos, requiere que el encuentro con Nuestro Señor
Jesucristo se haga desde una experiencia personal profunda con Él. Os invito a
todos los miembros de la Semana Santa Marinera a tener esta experiencia.
Solamente lo que se vive es lo que se transmite. Y para ello, la Iglesia tendrá
que poner todos los medios necesarios para hacerlo. Por otra parte, también es
cierto que los cristianos necesitamos sentirnos Pueblo de Dios, miembros vivos
de la Iglesia, que se hace presente en medio de este mundo y entrega unos
valores, una manera de entender la vida, que crea un entramado en la vida
social.
La Iglesia no puede renunciar a una forma de sinceración pública y más
cuando hay ignorancia personal y pública de las cosas de Dios. Es cierto que
esto está exigiendo a quienes pertenecéis a estas cofradías, corporaciones y
hermandades de la Semana Santa Marinera, a vivir cada día con más coherencia
vuestra fe y por tanto el compromiso cristiano, de tal manera que no se reduzca
vuestra vida cristiana a una semana en la que estamos en la calle.
La formación
en la fe permanente, la caridad, la esperanza, tienen que ser ejes
estructura dotes de la vida de quienes pretenden hacer la sinceración pública de
la fe a través de esas catequesis sencillas realizadas con las imágenes que
llevan a suscitar una experiencia honda de fe, de caridad y de esperanza.
Conocer los contenidos fundamentales de nuestra fe es necesario, ya que ello,
nos da una manera de comportarnos y de actuar en medio del mundo. En este Año
de la Fe, os he preparado un manual muy sencillo, que he titulado “Lo
fundamental de la fe” (con palabras del Catecismo de la Iglesia Católica).
Utilizadlo. Conoced el depósito de la fe.
No hay
duda que nuestra cultura engendra dificultades reales para vivir una
experiencia de fe viva y para transmitirla. En situaciones así, los cristianos
no podemos caer en posturas existenciales que nada tienen que ver con la visión
de la vida que nos da Jesucristo y que son posturas negativas y faltas de
esperanza y negadoras de toda creatividad:
1) entrar en la tristeza que lleva a la amargura, al pesimismo y a la desesperanza
2) recluirnos en el individualismo, salvarnos por propia cuenta, ese “sálvese quien pueda” es un rasgo de la cultura
1) entrar en la tristeza que lleva a la amargura, al pesimismo y a la desesperanza
2) recluirnos en el individualismo, salvarnos por propia cuenta, ese “sálvese quien pueda” es un rasgo de la cultura
3) rehuir el silencio, la soledad, la confrontación con la propia realidad
4) avergonzarnos de quienes dan sentido a todo lo que somos y buscar sentido e identidad en otros movimientos, grupos y espiritualidades.
Frente a
estas posturas que son dificultades para ser y permanecer como cristianos,
tenemos la obligación de tener lucidez, valentía y capacidad para mantener la
identidad formulando expresiones en las que la comunidad cristiana se vea
implicada e implique a todo el pueblo. Propongo algunos horizontes que creo son
fundamentales para vivir en vuestras cofradías, corporaciones y hermandades de
la Semana Santa Marinera para alentar vuestra presencia en la Iglesia:
1)
Recuperemos la dimensión teologal que tiene que tener la vida: quizá en muchas
ocasiones nos hemos obsesionado con las actividades y compromisos y nos hemos
olvidado del valor simbólico, quizá nos ajustamos fácilmente a los valores y
costumbres al uso, quizá nos hemos secularizado en el peor sentido del término.
Por eso, tenemos que entrar en el núcleo y en la razón de ser de la vida
cristiana que es la experiencia de Dios, que si es verdadera tiene una
manifestación en reconstruir el rostro de los demás. Dar testimonio de lo
trascendente, ser testigos del Absoluto, es misión esencial.
2)
Recuperemos el valor evangélico de estar en medio del pueblo, de la presencia
en medio de él como la tuvo Jesús: hemos sido ganados y arrojados no para hacer
una carrera individualista, perdiendo presencia, se ha debilitado la comunidad,
el sentido de Pueblo de Dios; urge recomponer el tejido comunitario y de Pueblo
de Dios. La soledad deshabitada y el aislamiento son un atentado a la calidad
de la vida cristiana.
3) Recuperemos la misión en medio del mundo: este es un asunto institucional y no solamente personal. Estar con todos los hombres de una manera sencilla pero significativa.
¿Cómo recuperar la misión en medio del mundo? Tenemos que acentuar la presencia de la Iglesia y acreditar su presencia, sin miedos, sin subterfugios, sin silencios negadores.
¿Cómo?:
a)
insistiendo en el primado de Dios, en la búsqueda del Absoluto, como respuesta
al secularismo y a la indiferencia
b) construyendo la fraternidad y la solidaridad, siendo constructores pacientes de la comunión
c) desde la sencillez y fragilidad que llevamos en nuestras vidas y en quienes somos

d) desde la humildad y la valentía sin tener miedo de ser lo que somos
e) desde la apertura hacia todos, siendo testigos de humanidad, con vidas centradas, abiertas y acogedoras
f) siendo amantes de la vida, porque en el amor a la vida somos signos de alegría, de presente y de futuro, poniendo a la vida esos acentos de gozo, de apertura y de acogida.
b) construyendo la fraternidad y la solidaridad, siendo constructores pacientes de la comunión
c) desde la sencillez y fragilidad que llevamos en nuestras vidas y en quienes somos
d) desde la humildad y la valentía sin tener miedo de ser lo que somos
e) desde la apertura hacia todos, siendo testigos de humanidad, con vidas centradas, abiertas y acogedoras
f) siendo amantes de la vida, porque en el amor a la vida somos signos de alegría, de presente y de futuro, poniendo a la vida esos acentos de gozo, de apertura y de acogida.
Haced un esfuerzo en este Año de la Fe para que todos los que se acerquen a las procesiones, sientan la mirada de Dios y se dejen mirar por Él. Recordad aquella expresión de algunos griegos al apóstol Felipe: “queremos ver a Jesús”. Ese grito lo dan muchos hoy, por eso se hace necesario hacer posible que la mirada de Jesús colme de alegría y de luz a quienes se acerquen al Señor. Las condiciones para dejarse mirar por Jesús son las mismas de siempre: encontrarse con el Señor, dejarse conducir por Él y ascender con Él por encima de la mediocridad que pueda existir en nuestra vida. Cuando nos dejamos mirar por Jesús, tenemos la posibilidad de llegar a conocerlo, porque en el mismo instante que nos mira, nos dice: “aprended de mí”. Aprender de Él día tras día, hora tras hora, poco a poco. Es una tarea de docilidad y de perseverancia, una tarea que supone familiaridad cotidiana con Jesús, estar cerca de Él y escucharle.
La
atmósfera que podéis crear las cofradías, corporaciones y hermandades de la
Semana Santa Marinera con vuestra presencia de testigos es completamente
luminosa: “Yo soy la luz del mundo”. En Jesús no hay rastros de nubes o de
tormentas, ni de impetuosas o patéticas tempestades, ni de tinieblas
desagarradas por rayos. Junto al Señor, hay cristalina claridad. En esa
claridad se oye, ese “sígueme” que es la forma habitual que tiene Jesús de
dirigir la llamada a los que serán sus discípulos. Y en esa atmósfera, se oye
con más fuerza a nuestra Madre la Virgen María que nos dice: “haced lo que Él
os diga”.
¿Quiénes
sois y qué sois las cofradías, corporaciones y hermandades de la Semana Santa
Marinera? Sois cristianos que os asociáis y os unís para vivir la afirmación
donde estamos seguros que tiene el origen la fe cristiana, en la Cruz: “creo en
Jesucristo… que padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto
y sepultado”. Los cristianos, desde los mismos inicios de la Iglesia, han
querido dar a conocer con palabras y obras el Misterio de la Pasión, Muerte y
Resurrección de Cristo, por la que nos vino la salvación a todos los hombres.
Las cofradías, corporaciones y hermandades, que nacieron en el seno de la
Iglesia, son expresión pública de la afirmación que en otro tono y sin saber lo
que decía de verdad, mandó escribir Poncio Pilato en la Cruz en la que moría
Jesucristo, en todas las lenguas conocidas entonces, diciendo que quien moría
allí era rey. 
¡Qué fuerza y qué belleza tiene la realeza del Crucificado! Su crucifixión es su realeza y su realeza es el don de sí mismo a los hombres. Podríamos decir que es la identidad de palabra, misión y existencia que justamente se da en la renuncia a su existencia. Desde la Cruz se va entendiendo poco a poco que Jesús no sólo ha hecho y dicho, sino que en Él, persona y mensaje son lo mismo, que Él es siempre lo que dice. Por eso, esa invitación que hacéis las cofradías, corporaciones y hermandades de la Semana Santa Marinera a contemplar siempre a Jesús. Y es que Jesús contemplado desde la Cruz, dice más que todas las palabras, Él es el Cristo y nada más.
¡Qué fuerza y qué belleza tiene la realeza del Crucificado! Su crucifixión es su realeza y su realeza es el don de sí mismo a los hombres. Podríamos decir que es la identidad de palabra, misión y existencia que justamente se da en la renuncia a su existencia. Desde la Cruz se va entendiendo poco a poco que Jesús no sólo ha hecho y dicho, sino que en Él, persona y mensaje son lo mismo, que Él es siempre lo que dice. Por eso, esa invitación que hacéis las cofradías, corporaciones y hermandades de la Semana Santa Marinera a contemplar siempre a Jesús. Y es que Jesús contemplado desde la Cruz, dice más que todas las palabras, Él es el Cristo y nada más.
¡Qué contemplación más maravillosa: muere
en la Cruz y renuncia al poder mundano, prohibió la espada y no mandó a otros a
la muerte sino que murió por todos los hombres, vio el sentido de la existencia
humana, no en el poder y en la autoafirmación, sino en el radical ser para los
otros! Quien fue para los otros como muestra la Cruz, es a quien Dios le dice:
“Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy”. Gracias a las cofradías, corporaciones
y hermandades de la Semana Santa Marinera, pues nos recordáis que el fracasado
que pende de la Cruz y ni siquiera tiene un palmo de tierra donde apoyarse,
quien ha sido despojado de sus vestidos, quien aparece abandonado hasta por
Dios, es a Él a quien se dirigen estas palabras: “Tú eres mi hijo. Yo te he
engendrado hoy (en este lugar). Pídemelo y te daré en herencia las naciones, en
posesión los confines del mundo”.
Muchas
gracias a los sacerdotes y parroquias, dentro de las cuales estáis las
cofradías, corporaciones y hermandades de la Semana Santa Marinera, por vuestro
empeño de mostrar desde la Cruz a quien es hijo y siervo, gloria y servicio,
amor y verdad, camino y vida. La Carta a los Filipenses nos da una nueva idea
de rey y de hijo, de amor y de servicio, de camino y de vida, cuando nos habla
de los sentimientos de Cristo, que siendo igual a Dios, no codició tal
semejanza, sino que se hizo siervo hasta vaciarse por completo, es decir,
abandona su ser para sí y se entrega al puro movimiento del para los otros. Y
así se convierte en Señor del universo. ¡Qué fuerza tienen esa descripción de
los sentimientos de Cristo! El que obedece voluntariamente se convierte en el
que domina, el que desciende a la nada se convierte en Señor del mundo. La Cruz
en el Nuevo Testamento es la expresión de un amor radical que se entrega por
completo, es la expresión de una vida que es ser totalmente para los demás: uno
es lo que hace y hace lo que es.
La Cruz,
nos entrega una visión absolutamente nueva en las relaciones del hombre con
Dios. Es por ello por lo que os agradezco sinceramente a las cofradías,
corporaciones y hermandades de la Semana Santa Marinera, vuestro empeño por
mostrar la Cruz y llevar a todos los hombres a su adoración. En la Cruz se nos
revela como no es el hombre quien se acerca a Dios y le ofrece un don que
restablece su equilibrio, sino que es al revés, es Dios quien se acerca a los
hombres para dispensarles un don tal y como nos dice el Apóstol San Pablo: “era
Dios quien reconciliaba consigo al mundo en Cristo”. Esto es algo inaudito y
nuevo, es punto de partida de la existencia cristiana, se nos dice con toda
claridad que Dios no espera a que los hombres vayan a reconciliarse con Él,
sino que Él va hacia ellos y los reconcilia. Aquí está el verdadero sentido de
la Encarnación y de la Cruz.
¿Dónde
radica el sentido que el Nuevo Testamento da a la Cruz? Hemos de reconocer que
para los discípulos de Jesús, la Cruz fue sobre todo el final, es decir, el
fracaso de un plan, pues creían que Jesús sería rey y de repente vieron que
eran compañeros de un ajusticiado. Sin embargo, la Resurrección les convenció
de que Jesús era verdaderamente Rey y así poco a poco fueron entendiendo el
significado de la Cruz. ¡Qué fuerza más maravillosa tiene la Carta a los
Hebreos cuando nos dice que el “sí” humano sin reservas a Dios es lo único que
puede constituir la verdadera adoración! Y esto suscita en el corazón un
convencimiento, que a Dios le pertenece todo y al ser humano solo le queda la
libertad de poder decir “sí” o “no”, de amar o rechazar. Es cierto que lo que
quiere Dios de nosotros y lo que espera es el “sí” libre del amor, la única
adoración y el único sacrificio que tiene sentido.
Muchas
gracias a todas las cofradías, corporaciones y hermandades de la Semana Santa
Marinera, pues con esa misión de mostrarnos la Cruz donde murió Nuestro Señor
Jesucristo, nos habláis del carácter absoluto del amor que sólo podía ofrecer
aquél en quien el amor de Dios se ha hecho amor humano. ¡Qué gracia más grande
llegar a contemplar a Aquél que se puso en lugar nuestro, para que nosotros nos
dejemos poseer por Él! Poseídos por Él experimentaremos que:
1) El Señor es una Persona viva, no es un recuerdo, nos invita a una relación personal con Él
2) El Señor no es una especulación abstracta, pues desde nuestra historia Dios ha encontrado a los hombres y los ha llamado

3) El Señor es Salvador y garantía de nuestra salvación, por tanto no puede reducirse a mero objeto de investigación histórica
4) Nos encontramos con el Señor en una comunidad que es la Iglesia
5) Confesamos al Señor en medio del mundo y siguiendo sus huellas.
1) El Señor es una Persona viva, no es un recuerdo, nos invita a una relación personal con Él
2) El Señor no es una especulación abstracta, pues desde nuestra historia Dios ha encontrado a los hombres y los ha llamado
3) El Señor es Salvador y garantía de nuestra salvación, por tanto no puede reducirse a mero objeto de investigación histórica
4) Nos encontramos con el Señor en una comunidad que es la Iglesia
5) Confesamos al Señor en medio del mundo y siguiendo sus huellas.
Recuerdo
para concluir, un texto de la Carta Encíclica “Deus caritas est”: “En su muerte
en la Cruz se realiza ese ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar
nueva vida al hombre y salvarlo: esto es amor en su forma más radical. Poner la
mirada en el costado traspasado de Cristo, del que habla Juan (cf. 19, 37),
ayuda a comprender lo que ha sido punto de partida de esta Carta Encíclica:
“Dios es amor” (1 Jn 4, 8). Es allí, en la Cruz, donde puede contemplarse esta
verdad. Y a partir de ella se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esa
mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar” (n.
12).
¡Cómo no
abrir la vida a quien se ha dignado compartir la nuestra y ha querido dar su
vida por nosotros! Un año más en la Semana Santa Marinera se nos da la
posibilidad de poder contemplar en nuestras calles a quien enseña las medidas
del amor, de la justicia, de la paz y de la libertad. Poned atención a todo lo
que vais a ver por las calles estos días y vivir también las celebraciones
litúrgicas en vuestros templos. A través de todos la historia, desde hace XXI
siglos, de modos diferentes, la Iglesia ha sabido hacer expresiones públicas de
su fe, entregando a todos los hombres imágenes que refieren momentos singulares
de la vida de Jesucristo y de su Madre la Virgen María. Tanto los grandes
artistas como el pueblo supieron expresar lo grandes acontecimientos de marcan
la historia de los hombres, en la imaginería, en la pintura, en la poesía, en
el teatro... Ellos hicieron partícipes a todos de su especial percepción de la
presencia de Dios en medio de nosotros.
Les
confraries, corporacions i germandats de la Setmana Santa Marinera, teniu una
especial responsabilitat: Les imatges que mostrareu pels carrers que expressen
diverses escenes de la Passió, són expressions de l´amor que Déu té l´home.
Penseu i viviu amb la convicció, que en el silenci del carrer, mentres mostreu
eixes imatges, sempre hi haurà algú que no estarà sord a la veu del Senyor, que
estic segur desitja escoltar-la sempre. Penseu, que sempre està Jesucrist, que
sempre s´ocupa de tu encara que tu no vullgues saber res d´Ell.
En esta
Semana Santa, fijos los ojos en la Virgen María, Virgen de los Dolores,
descubramos como Ella contemplaba a Jesucristo, dando tres pasos
significativos:
1. Como la Virgen María, déjate atraer por Jesucristo: Él siempre plantea preguntas y despierta curiosidad. Que de ti se pueda decir como se pudo decir de María: “¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!”.
1. Como la Virgen María, déjate atraer por Jesucristo: Él siempre plantea preguntas y despierta curiosidad. Que de ti se pueda decir como se pudo decir de María: “¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!”.
2. Como la Virgen María, déjate seducir por Jesucristo: Él siempre plantea la vida como escucha, como experiencia de confianza, que lleva siempre a entrar en conversación y comunión. Recuerda la afirmación implícita que Jesús dijo de su Madre cuando alguien aludió a Ella: “Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan”.
3. Cómo la Virgen María, entra en esa intimidad-expansiva, que es entrar en la profundidad con Jesucristo y al mismo tiempo expresada a los demás. Piensa en aquel momento sublime que expresa la comunión a la que habían llegado Hijo y Madre: “Junto a la Cruz de Jesús estaba su Madre”. Y desde esa comunión escucha las palabras del Señor: “Ahí tienes a tu Madre. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa”.
Una
Semana Santa vivida con tres palabras que son una versión de la vida. Versión
que nos da la Virgen María y que aprendió a darla contemplando a Jesucristo:
atraer, seducir, intimar-expandir. No tengas miedo. Abre la vida a quien quiso
compartir contigo la tuya.
Quiero
terminar con dos poemas de mi paisano el gran poeta Gerardo Diego:

Soledad de María
He aquí helados, cristalinos,
sobre el virginal regazo,
muertos ya para el abrazo
aquellos miembros divinos.
Huyeron los asesinos.
¡Qué soledad sin colores!
¡Oh, Madre mía, no llores!
¡Cómo lloraba María!
La llaman desde aquel día
la Virgen de los Dolores
Soledad de María
He aquí helados, cristalinos,
sobre el virginal regazo,
muertos ya para el abrazo
aquellos miembros divinos.
Huyeron los asesinos.
¡Qué soledad sin colores!
¡Oh, Madre mía, no llores!
¡Cómo lloraba María!
La llaman desde aquel día
la Virgen de los Dolores
La Virgen de la agonía
Dame la mano, María,
la de las tocas moradas.
Clávame tus siete espadas
en esta carne baldía.
Quiero ir contigo en la impía
tarde negra y amarilla.
Aquí en mi torpe mejilla
quiero ver si se retrata
esa lividez de plata,
esa lágrima que brilla.
Déjame que te restañe
ese llanto cristalino,
y a la vera del camino
permite que te acompañe:
Deja que en lágrimas bañe
la orla negra de tu manto
a los pies del árbol santo
donde tu fruto se mustia
capitana de la angustia;
no quiero que sufras tanto.
Qué lejos, Madre, la cuna
y tus gozos de Belén:
-No, mi Niño. No. No hay quien
de mis brazos te desuna.
Y rayos tibios de luna
entre las pajas de miel
le acariciaban la piel
sin despertarle. ¡Qué larga
es la distancia y qué amarga
de Jesús muerto a Emanuel!
¿Dónde
está ya el mediodía
luminoso en que Gabriel,
desde el marco del dintel,
luminoso en que Gabriel,
desde el marco del dintel,
te
saludó: -Ave, María?
Virgen ya de la agonía,
tu Hijo es el que cruza ahí.
Déjame hacer junto a ti
ese augusto itinerario.
Para ir al monte Calvario
cítame en Getsemaní.
Virgen ya de la agonía,
tu Hijo es el que cruza ahí.
Déjame hacer junto a ti
ese augusto itinerario.
Para ir al monte Calvario
cítame en Getsemaní.
Gracias por su atención.
Valencia, viernes 15 de febrero del 2013
+Carlos, Arzobispo de Valencia
Valencia, viernes 15 de febrero del 2013
+Carlos, Arzobispo de Valencia



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