FCM.-Decíamos ayer, entre otras cosas: "los semanasanteros, ya estamos ahí y nuestros sentimientos salen al exterior...", aunque el que suscribe suele compartirlos con vosotros, muchos días del año.Al igual que Diaz Tortajada, en sus cartas a nosotros los cofrades en este blog, nos educa en el camino de la fe.
Ya os he contado algunas veces, que ni soy fotógrafo, ni me apetece serlo, únicamente de vez en cuando tiro fotos, y en Semana Santa muchas, y por la noche, aunque salgan oscuras, me gusta expresar lo que he visto.Manolo Guallart, Rafa Montesinos, etc, ya se encargan ellos de hacer buenas fotos, y también cuando nos las envían las publicamos en EOS.
Ya estamos en Cuaresma, y este año si he podido acompañar a la Banda Virgen de los Dolores en su primera tamborada el Miercoles de Ceniza.
La banda de Manolo un año más iniciaba con su bandera al frente el recorrido por nuestras calles.
Los semanasanteros tenemos necesidad de sentir los tambores y marcar el paso, bien ordinario o de desfile, o lento de procesión.
El timbal también es importante, y suelen cerrar la banda ocupando la última fila
Fue un año más, una vuelta a mi niñez, a esa bonita espera, para escucharlos y sentirlos al estar en Cuaresma.
¿Quien no ha jugado de niño con un tambor?Y sabiendo desde siempre, que al marcar el paso, el redoble es con el pie izquierdo.
Y delante de la banda, junto a los agentes de la Policia Local, otro semanasantero incansable, otro trabajador anónimo de la fiesta, Paco Masiá, de la hermandad del Santo Silencio y Vera Cruz, y que ya en la época de Ramón Guardino como presidente formó parte del Consejo de Gobierno, y en los últimos ejercicios desde el año 2000 es el Delegado de Fiestas del Consejo de Gobierno con presidentes como Angel, Lorenzo, Pep, y Begoña.
Hombre discreto y servicial, el próximo verano alcanzará su jubilación laboral tras una vida fecunda en la que lo ha dado todo en su empresa.
Y si hay un enamorado del tambor en esta banda, ese es Jorge Rodriguez Sanz, ya me lo contaba su tio Miguel, es su gran pasión.Y es uno de los grandes pilares, en los que Manolo deposita su confianza.
Ellos que durante todo el año sienten el rugir de las olas de nuestro mediterráneo en sus ensayos en la playa, con frio o con calor, los noté felices, pues sabian que el trabajo del año, iba a salir a las calles con la llegada de la primavera.
Manolo, siempre orgulloso de los suyos, tocaba el tambor
Y tras cruzar desde el Cañamelar al Grao, volvimos al punto de partida, y en la Casa Museo tras el paso por la calle del Rosario, los tambores dejaron de sonar, y corriendo a casa, que la familia esperaba, era la hora de cenar y de acostar a los niños.No nos olvidemos, nunca que ese niño que todos llevamos dentro, necesita bien poco para alcanzar la sonrisa y la felicidad, pues no se centra en la sociedad consumista y competitiva en la que vivimos cuando nos convertimos en adultos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario