FOTO GUALLART. Carta a un cofrade
Por Antonio Díaz TORTAJADA
Sacerdote-Periodista
Querido cofrade:
¡Cuántas quejas, cuántas
lamentaciones, y cuántas alabanzas y cuántos arrebatos de admiración —así, todo
revuelto— se está llevando hoy la familia!
Todos están interesados en
la familia: Los buenos para amarla y defenderla; los malos para destruirla sea
como sea.
Los ángeles del cielo
tiran de los moradores del hogar para arriba; los demonios del infierno tiran
para abajo a todos los que pueden. El caso es que nadie hoy en la sociedad
permanece indiferente frente a la familia.
¿Y Dios? ¿Qué hace
Dios?... ¿Y la Iglesia,
veladora de los intereses de Dios, qué hace la Iglesia?...
La respuesta la tenemos en
la palabra de Dios.
Hemos visto cómo Dios se
ha hecho hombre y ha venido a nosotros el día de Navidad: No entre esplendores
de gloria y como Rey avasallador, sino como Niño pequeñito, necesitado de todo,
nacido de una Mujer, miembro de una familia.
Y la Iglesia, Madre y Maestra,
nos pone hoy ante los ojos la imagen de esta Familia del Hombre Dios, como
diciéndonos a todos: ¿Os dais cuenta de lo bella que es la familia,
cuando el mismo Dios ha nacido, se ha desarrollado, se ha formado y ha vivido
largos años en un hogar?...
¿Os dais cuenta de lo
feliz que es la vida de familia, cuando en la familia reina la fe en Dios, el
respeto a su Ley divina, el amor, el trabajo, la austeridad, la pureza, la
unión irrompible?
¿Os dais cuenta del mal
que os trae el romper esa armonía de la fe y de la piedad, del amor, del
trabajo, de la pureza y de la unión, tal como se viven en la familia bien
constituida?...
¿Y os dais cuenta también
de que la reconstrucción de la familia, hoy tan en crisis, sólo la vais a
resolver cuando hagáis de vuestros hogares un reflejo y un trasunto del Hogar
de Nazaret?...
Si miramos el Evangelio,
pronto damos con los fundamentos de la felicidad que reinaba en aquel hogar de
Nazaret.
Jesús, con doce años, es
ya ante la Ley en
aquel tiempo un adolescente con personalidad y, se supone, con sentido de
responsabilidad. Ya puede actuar por su cuenta como un mayor de edad.
Va en peregrinación a
Jerusalén durante la
Pascua. Entre la baraúnda de los cien mil o más peregrinos,
se pierde, se queda en la ciudad, y, como lo más natural en Él, se refugia en
los pórticos del Templo, donde al tercer día lo encontrarán sus padres.
María se presenta como
protagonista y la principal responsable, aunque pone delicadamente el nombre de
José por delante:
-- Hijo, ¿por qué has
hecho esto? ¿No te dabas cuenta de que tu padre y yo te buscábamos llenos de
angustia?
Jesús comprende. No es
ajeno al dolor de sus padres. Pero da una respuesta misteriosa:
-- ¿Y por qué me buscabais
en un lugar fuera del Templo? ¿No sabíais que yo debo estar en la casa y en las
cosas de mi Padre?
El muchacho regresa a
Nazaret. Y Lucas nos condensa los treinta años de aquella vida de hogar en una
pincelada magistral:
-- Jesús les estaba
sujeto. Y crecía en estatura, en conocimientos y en gracia delante de Dios y de
los hombres.
Un saludo cordial,
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