EL CUMPLEAÑOS DE LA IGLESIA
Por Antonio DÍAZ TORTAJADA
Querido cofrade:
En la fiesta de Pentecostés
celebramos el cumpleaños de la Iglesia que nació un día como hoy hace casi dos
mil años. A pesar de tantos años, la Iglesia se mantiene joven gracias al
Espíritu que recibió y le dio vida en aquel Pentecostés. La Iglesia nació precisamente
cuando los discípulos tuveron el valor de salir de la sala donde estaban
encerrados y empezar a hablar en la plaza pública donde se encuentran
las personas. El Espíritu dio fuerza a los apóstoles, que estaban encerrados en
casa por miedo a los judíos, para salir a las plazas a dar testimonio de Jesús.
Y es que la Iglesia no existe en
sí misma y luego sale a evangelizar. La Iglesia es convocación de
gentes. Sólo existe proclamando el evangelio que reúne a los pueblos para
preparar la llegada del Reino. Es el Espíritu el que abre el corazón y los
oídos de las personas para entender en su propia lengua las maravillas de Dios.
Es decir, el Espíritu reúne la Iglesia, dándole unidad en la diversidad, para
poder ser testigo ante todos los pueblos.
Es el Espíritu el que pone en el
corazón de los pueblos la búsqueda de la unidad, de la justicia y de la paz.
Por eso la Iglesia no puede desentenderse de los grandes problemas que afectan
al hombre y a la sociedad de nuestro tiempo.
La Iglesia parece volver a estar
viviendo una primavera del Espíritu. La renuncia del papa Benedicto y la
elección del papa Francisco muestran que el Espíritu sigue soplando y dando
vida. El papa Francisco de manera especial está atrayendo la atención de
creyentes y no creyentes que se muestran sorprendidos que una institución que
parecía totalmente envejecida sea capaz de aparecer renovada, inventando nuevos
gestos evangélicos que actualizan la vida de Jesús de Nazaret.
La Iglesia está redescubriendo su
misión de sacramento de perdón. El papa Francisco ha insistido en la
necesidad de la ternura en la manera de caminar con el hombre moderno. Dios no
condena sino que perdona e invita a todos los hombres a reconciliarse con él y
entre ellos. Los cristianos tenemos que testimoniar que hemos sido perdonados y
salvados y queremos colaborar con los demás hombres a salvar el mundo.
El Espíritu no es monopolio de la
Iglesia. Aunque tiene su morada en ella, su acción se ejerce en todos, en el
mundo y en la historia. Es el Espíritu el que mantiene la historia en
movimiento y en la insatisfacción para buscar siempre nuevas metas para los
hombres. La realidad, en que vivimos, continúa siendo insatisfactoria. El
Espíritu aviva en nosotros la esperanza de que las cosas pueden
cambiar si colaboramos todos a que ese cambio se realice. El Espíritu tiene el
poder de tocar el corazón de los hombres para que estos cambien y se abran a
los verdaderos valores del evangelio que pueden ayudar a la construcción de una
civilización del amor. La búsqueda de una cultura del consumo lleva a
situaciones sin salidas. Tan sólo un grupo de privilegiados puede gozar de la
abundancia mientras la mitad de la población, incluso de los países
considerados ricos, tiene que contentarse con las rebajas y los saldos.
El Espíritu con su fuerza
transforma nuestras vidas. Dejémosle actuar en nuestras vidas para que seamos
transformados en Cristo y así podamos hacerlo presente en nuestro mundo.
Cordialmente,
Antonio DÍAZ TORTAJADA






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